Uso Claude Code a diario y me ha cambiado la velocidad a la que puedo construir cosas. Pero tiene una trampa: es facilísimo aceptar código que funciona sin entenderlo.
Mi regla es simple: pido el código por partes y le pido que me explique el porqué de cada decisión. Primero los modelos, luego las vistas, luego las plantillas. Si algo no lo entiendo, no lo dejo pasar.
El día que se rompa en producción no va a haber nadie al lado para explicarlo, y el coste de no haber entendido una pieza no se paga cuando la escribes: se paga seis meses después, un domingo.
Lo que mejor me funciona es invertir el orden. En vez de pedir «hazme el panel», describo qué tiene que hacer y pregunto qué opciones hay y qué se gana y se pierde con cada una. La conversación de antes vale más que el código de después, porque la decisión mala no se arregla con una corrección: se arrastra.
Y una cosa que no delego nunca: lo que toca dinero o datos de clientes lo leo línea a línea. Un CSS que me quede regular lo arreglo cuando lo vea. Un cálculo de atribución mal hecho se pasa meses dando números creíbles y falsos.
La IA me ha subido el techo de lo que puedo construir solo. No me ha quitado la responsabilidad de saber qué he construido.